domingo, 2 de diciembre de 2007

Fog.




Apenas los rayos de sol tocan los primeros techos, el frío mantiene rojas e insensibles las manos bajo los hombros encogidos mientras lentamente las huellas de mis pies cubiertos por la bruma se esfuman en la arena para que la bandada de aves costeras regresen al festín de pulgas marinas.

Una entre miles levanta su cabeza,

espera unos segundos.


Sola vuela en línea recta hacia el horizonte fusionándose con el delgado umbral,
dejando al resto picoteando desesperadamente los instantáneos agujeros dejados por la ola que vino.

He presenciado el instante preciso en el cual otro ser se hace conciente de si mismo.