jueves, 29 de noviembre de 2007

Prelude





Apenas mi pie derecho atraviesa el umbral entre mi pieza y lo ajeno,

la lluvia corrompe el silencio,

con sus finos murmullos acoge el santo techo,

¿No vez como el cielo te canta?



Alegría,

que los tormentos solo nos acercan a lo que deseamos.